Esta investigación doctoral examina la enseñanza de las Ciencias Naturales desde una
perspectiva intercultural en la Institución Educativa John F. Kennedy, en el Cauca, territorio
caracterizado por su pluralidad étnica y cultural. El propósito fue comprender cómo las prácticas
pedagógicas y la participación de actores socioeducativos inciden en los aprendizajes de
estudiantes de primer grado, situando el diálogo de saberes como eje del proceso educativo.
La fundamentación teórica se nutrió de la interculturalidad crítica (Walsh, 2009, 2010,
2018, 2021), la ecología de saberes (de Sousa Santos, 2016, 2018, 2021) y el pensamiento
pedagógico descolonizador (FornetBetancourt, 2024; Tubino, 2021; Muyolema, 2019; Chirix
García, 2019; Cumes, 2004; Smith, 2016, 2021). Estos marcos fueron complementados con
aportes de la antropología cultural (Geertz, 1973) y la psicología cultural (Bruner, 1990), así
como con investigaciones recientes en educación intercultural (Dietz & Mateos Cortés, 2020;
López, 2019; Schmelkes, 2022). En conjunto, permitieron una lectura epistémica y ontológica
del fenómeno educativo, enraizada en el territorio como cuerpo vivo y fuente de conocimiento.
El enfoque metodológico fue cualitativo, de carácter interpretativo, sustentado en una
etnografía doblemente reflexiva (Dietz, 2003, 2011, 2017, 2020). Se emplearon observación
participante, entrevistas narrativas, historias de vida y registros de aula. El análisis evidenció
prácticas pedagógicas que resignificaron la enseñanza de las ciencias en contextos de diversidad,
generando escenarios de reconocimiento mutuo, justicia cognitiva y articulación entre
cosmovisiones ancestrales y contenidos escolares.
El proceso derivó en una propuesta pedagógica intercultural que fortaleció la identidad
cultural de los estudiantes, vinculó la ciencia escolar a sus vivencias cotidianas y transformó el
rol docente hacia un acompañamiento dialógico. Pese a tensiones derivadas de la rigidez
curricular, los hallazgos ratifican la urgencia de una educación científica crítica, intercultural y
socialmente comprometida, que reconozca la pluralidad de saberes y dignifique los territorios
como espacios pedagógicos.
This doctoral research examines the teaching of Natural Sciences from a critical
intercultural perspective at the John F. Kennedy Educational Institution, in Cauca, a territory
characterized by its ethnic and cultural diversity. The purpose was to understand how
pedagogical practices and the participation of socioeducational actors influence the learning of
firstgrade students, placing the dialogue of knowledges as the structuring axis of the educational
process.
The theoretical foundation drew on critical interculturality (Walsh, 2009, 2010, 2018,
2021), the ecology of knowledges (de Sousa Santos, 2016, 2018, 2021), and decolonial
pedagogical thought (FornetBetancourt, 2024; Tubino, 2021; Muyolema, 2019; Chirix García,
2019; Cumes, 2024; Smith, 2016, 2021). These perspectives were complemented by
contributions from cultural anthropology (Geertz, 1973) and cultural psychology (Bruner, 1990),
as well as recent studies on intercultural education (Dietz & Mateos Cortés, 2020; López, 2019;
Schmelkes, 2022). Together, they enabled an epistemic and ontological reading of the
educational phenomenon, rooted in territory as a living body and source of knowledge.
The methodological approach was qualitative, interpretive, and based on doubly reflexive
ethnography (Dietz, 2003, 2011, 2017, 2020). Participant observation, narrative interviews, life
histories, and classroom records were used. The analysis revealed pedagogical practices that
resignified the teaching of science in contexts of diversity, fostering scenarios of mutual
recognition, cognitive justice, and articulation between ancestral cosmovisions and school
knowledge.
The process resulted in an intercultural pedagogical proposal that strengthened students’
cultural identity, linked school science to their everyday experiences, and transformed the
teaching role toward dialogical accompaniment. Despite tensions arising from curricular rigidity,
the findings highlight the urgency of a critical, intercultural, and socially committed science
education that recognizes the plurality of knowledges and dignifies territories as pedagogical
spaces.